Sobre mí
Hola, soy Olga
De pequeña, delante de una juguetería, mi abuela me preguntó qué quería. Yo señalé el vestido del escaparate de al lado. Esta es la historia de todo lo que vino después.

La niña que señaló el vestido
Mi abuela me paró delante de una juguetería y me preguntó qué quería. Yo no señalé ningún juguete: señalé el vestido del escaparate de al lado. Ahí empezó todo, aunque tardé unos cuantos años (y unas cuantas vidas) en darme cuenta.
Ingeniera, profesora de esquí… y el golf
Estudié Ingeniería Agrícola. Pasé inviernos enteros enseñando a esquiar, que es donde aprendí que explicar bien algo es casi tan importante como saber hacerlo. Y luego llegó el golf: trabajé en varios campos, en el último ya en el equipo de dirección. No me gustó nada. Lo único que me alegraba la semana era la tarde que me escapaba a coser con unas señoras en un centro cultural. Allí lo vi claro: lo que llevaba toda la vida haciendo por mi cuenta, a base de probar y descoser, quería aprenderlo de verdad.
Buenos Aires, a los 30
Y me fui a Buenos Aires. Estudié patronaje y confección en la Universidad de Palermo, y además alta costura, lencería y baño, estampación… Todo lo que pude. Volví con una profesión y con la sensación de haber empezado por fin mi vida.
Seis meses con la máquina de coser a cuestas
En 2012, Shingo Sato, maestro japonés del patronaje experimental, lanzó un reto a patronistas de todo el mundo. Nos seleccionaron a 250. Él enseñaba una técnica y tú tenías un plazo para aplicarla y subir la foto de tu prenda. Durante seis meses llevé la máquina conmigo a todas partes, por si llegaba un reto. Acabé entre los 20 primeros. Así aprendí sus técnicas: cosiendo contrarreloj, mucho antes de que se convirtieran en cursos de pago.



Madrid: del taller a la alta costura
En Madrid coordiné la producción de Al Dedal, un taller escuela de costura. Después llegó Delpozo: fui la mano derecha de la responsable de desarrollo, y entre las dos llevábamos el departamento, del prototipo al escandallo. Ver de cerca cómo se construye una colección de alta costura te cambia la mirada para siempre.
Ms Worker: una marca sostenible en plena pandemia
Durante años había visto a mujeres (y me había visto a mí misma) delante del armario a primera hora, buscando algo cómodo que además quedara bien para trabajar. Esa fue la idea de Ms Worker: ropa para ir a trabajar cómoda y elegante, que no pasara de moda y que no le costara caro al planeta.
La preparé durante todo 2019. La primera producción salió en marzo de 2020. Sí, justo esa semana. Con las tiendas cerradas y el mundo en casa, seguí adelante.
Lo hice todo yo: diseño, patronaje, muestras, compras, producción con talleres de Madrid, la web, las fotos, los envíos. Y a mi manera, despacio y bien: algodón orgánico, Tencel, tejidos sobrantes de casas francesas de alta costura y tiradas cortas para no fabricar de más. Hasta los recortes del corte acababan como relleno de cojines de yoga. Nada se tiraba.
La colección








Fotos: Cristina Roldán
De la tele al green
Una marca pequeña no tiene dinero para anuncios. Así que busqué otro escaparate: la televisión.
Me presenté a concursos, y en cada programa salía vestida de Ms Worker: Alta Tensión, El Comodín, El Cazador, Password, Trivial… En uno de ellos llegué a encadenar veinte programas, con un vestido distinto cada vez. Mientras respondía preguntas, mi ropa salía en pantalla.
Y la tele me devolvió el favor. Vestí a Cristina Soria, «la coach de la tele», en Sálvame, y a presentadoras de informativos, el tiempo y magazines de Telemadrid.
Luego volvió el golf, el mundo del que había huido. Pero esta vez entraba por la puerta de la costura: vestí a las azafatas del Santander Golf Tour en tres ediciones, a Alicia Garrido (también para la Solheim Cup) y a las azafatas del Open de España Costa del Sol. Volver a esos campos, y volver así, fue mi pequeña revancha.
Hubo uniformes sostenibles para eventos, como los de DríadeSM y la Facultad de Minas. Hubo tiendas, showrooms y mercados de diseño. Hubo prensa: Glamour, ABC, Telemadrid. Y una invitación de la embajada de Portugal a la feria Modtissimo de Oporto.
Pero si tengo que quedarme con un momento, es el desfile de Woman New Life. Mujeres de distintas edades, orígenes y capacidades, y un vestido a medida para cada una. Ningún cuerpo igual a otro. Ahí entendí que lo que más me gusta de mi oficio es eso: que la ropa se adapte a la persona, y no al revés.
En 2022 creé una colección para el Día de la Moda de Bodegas Franco-Españolas, con los colores del viñedo riojano en otoño. Sin saberlo, ya estaba volviendo a casa.




Costureando: la escuela que va a los pueblos
Cuando volví a La Rioja vi algo claro: en muchos pueblos no hay dónde aprender a coser. Así que hice lo contrario de lo habitual. Cargo las máquinas en el coche y la escuela va a ti.
Los lunes estoy en Nalda, los miércoles en Logroño y los jueves en Entrena. Grupos pequeños, cada persona con su proyecto: hay quien viene a hacer su primer bajo y quien sale con un vestido. Y, como pasa siempre alrededor de una mesa de costura, se acaba haciendo amigas.
¿Te acuerdas de aquellas tardes con las señoras del centro cultural, las que me salvaban la semana? Ahora soy yo la que lleva la costura a otras mesas. La vida, a veces, cose en redondo.
También llevo talleres a bodegas, asociaciones y ayuntamientos, y preparo cursos de formación para mujeres del medio rural. Y en primavera estampo tela con hojas de parra: la ingeniera agrícola y la patronista, por fin, en el mismo taller.


Y ahora, estés donde estés
Todo lo que aprendí en Buenos Aires, en Delpozo y con Ms Worker cabe en una videollamada. Clases online, uno a uno y en directo, sobre lo que tú quieras aprender: un arreglo, un accesorio, tu primera prenda o tu propio patrón.
En prensa: «Una trotamundos que teje futuro en Sojuela», NueveCuatroUno, 20 de mayo de 2026.